oro,
paso la fecha en la que se celebraba el sorteo
y dos días después vi el boleto y
corriendo fui a buscar el numero ganador
pensando en que había ganado yo, en que no
podía ser de otra manera.
La sonrisa estuvo en mi boca
desde que pensé que había ganado
hasta que descubrí que era la derrota
la que me tocaba saborear un día más,
solo me quedó partirlo en varios trozos
y que el viento hiciese su trabajo y me
prometí que no volvería a confiar en
la suerte, en que no volvería a volcar
mis esperanzas en nada tan aleatorio
como la vida, me
prometí que escaparía y hoy mis lágrimas
me recuerdan que vuelvo a estar donde empe-
ce, amarrado a la esperanza.

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