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El tiempo pasa y comienza el otoño,
algunas hojas verdes rebosantes de vida
se secan y las personas a las que amo
están durmiendo o amando a otros y
me afecta mas de lo que
quisiera.
Pienso constantemente en como aman los perros,
moviendo la cola tan inocentemente
cuando ven aparecer a su amo, sin
importarle a cuantos otros perros acariciaron sus
manos,
impacientes, olisqueando por debajo de la puerta y
arañando el resbaladizo suelo de
gress.
Pienso en la droga, en el vicio,
en las emociones, en los sueños y
creo que todo es lo mismo, algo así
como una enfermedad incurable, como
un triste paseo en silencio cuando se
esta deprimido, como si todo fuera
parte de lo mismo, de una cadena de plata o
un concurso repetitivo de verano, como
cuando se reunen todos para celebrar fin
de año y tu lo haces sin ganas y sabiendo
que nunca las tendrás, que no es el lugar ni
el momento ni las gentes, que nada tiene
la culpa de nada.
Salgo del local, la lluvia me empapa,
los rayos se ven claramente dibujados
en el firmamento y no creo en
nadie,
la lluvia me empapa y yo simplemente
mantengo la sonrisa mientras puedo y
luego me despido y camino,
solo bajo la lluvia con
la mirada perdida, observando vagamente los
rayos bellamente dibujados en el
cielo, breves y constantes destellos que
claman por algo que nadie
comprenderá.
19 octubre, 2009
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